Cruzar el umbral: “Trocha” de Rodrigo Ramos Bañados

Emilio Gordillo

Hace más de diez años la hoy difunta Josefina Ludmer publicó “Aquí, América Latina”, un ensayo revolucionario y profundamente coherente entre lo dicho y el cómo decir, en forma y contenido. Su escritura como los tiempos que se venían encima: inmediata, veloz, azarosa, aparentemente “superficial”, leve y focalizada en instantes sucesivos, muchas veces escritos durante ese 2001 en que Argentina se iba por el desbarrancadero financiero y social, y el neoliberalismo revelaba buena parte de sus peores daños y zonas oscuras auguradas para todo el continente. En ese libro, y ante esas urgencias, Ludmer insistía en que ya existían varias escrituras postautónomas, escrituras que marcaban el fin de una era en que la literatura tuvo un poder crucial mediante el elemento que le daba validez: su autonomía, su poder de autodefinirse, de reinventarse mediante instituciones como la crítica, la enseñanza y la academia, espacios en que se debatía su sentido y, por ello, sus posibles identidades o procesos de identificación. Aquella autonomía literaria, decía Ludmer, fue especificidad y autorreferencialidad, así como el poder de nombrarse y referirse a sí misma, de leerse y cambiarse a sí misma. Las literaturas postautónomas son escrituras que no admiten lecturas literarias; esto quiere decir que no se sabe o no importa si son o no literatura, o si son realidad o ficción. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana. Su sentido es fabricar presente, y contradicen aquella idea que muchos nos insistieron al decidir abocarnos a la literatura, y que en algún punto llegamos a creer: que no servía para nada. Pero no. Son capital porque son lenguaje y viceversa. Y así circulan.

“Trocha” podría considerarse como uno de estos libros. Aquí, la velocidad característica de la prosa de Rodrigo Ramos Bañados deja la ficción y se encuentra, enriquecedoramente, con la urgencia de sucesos difíciles de evadir respecto a las realidades migratorias que aparecen – y seguirán apareciendo – ante las prácticas sociales chilenas del futuro. Ramos Bañados va como la polilla a la luz, sin pudores ni resguardos a explorar esos conflictos y expone su mirada en un ejercicio escritural que no se conforma con googlear información, revisar Wikipedia o entrevistar por email. Por el contrario, es una escritura que dedica su propio tiempo, con generosidad, sin una perspectiva explotadora de sus materiales, logrando desactivar ciertos tiempos del capital. Provoca las cercanías, busca, pregunta, se acerca, intenta, cuestiona, empatiza e, incluso, acompaña. El gesto es potente y también se reconoce en textos de escritores más jóvenes como Melissa Hernández y su “Comité de allegados” o “Panaderos” de Nicolás Meneses. Lo interesante es que, a diferencia de ellxs, Rodrigo Ramos Bañados escribe en el norte, desde un territorio alejado de la capital, pero también desde otra edad: la edad de mi propia generación, que en gran medida se saltó estas prácticas más comunes y prefirió dedicarse a acumular o apropiarse de experiencias compartidas o ajenas, ideas, procesos,  luchas o, incluso, capital monetario en el caso de las prácticas editoriales que, no pocas veces, se contradecían con las mismas críticas, reivindicaciones y luchas que decían promover. 

No hay quejas ni denuncias en “Trocha”, sino más bien la elaboración de un espacio y tiempo escritural para el resguardo, en el que surgen aquellas contradicciones entre el hacer y el capital. La mirada de múltiples Rodrigos se fragmenta en cada insistencia de cruzar el umbral, las trochas íntimas que lo separan de los migrantes. Ahí está Ramos Bañados profesor reemplazante, que sabe oír sin buscar cuñas ni motivar los efectos de un encuentro, y dispone el espacio para que lxs chicxs de varias nacionalidades se expresen en los márgenes de un curso precario en que todos son excepción. O el Ramos Bañados que escarba en su experiencia de cruce y se reconoce el enemigo potencial de dos cholas bolivianas que prefieren hablar su propia lengua porque la amenaza es él. El Ramos Bañados precarizado, que debe migrar a otras ciudades para conseguir trabajo y desde ahí intentar comprender por qué un venezolano se embelesa en las bondades de la economía chilena. O el que entrevista a una madre que decidió cruzar campos minados con un bebé en su vientre, como quien observa a la esfinge. También está el que cuida a su amiga, con residencia en EEUU, de estropearle sus recuerdos bellos del norte omitiendo información del presente. El enamorado de un Iquique deslavado. También el que reconoce haber buleado a una profesora de apellido indígena en su infancia. El que revisa y expone sus propias columnas escritas en el pasado, sin pudor, sin miedo a los conflictos y contradicciones porque, precisamente, es a través de su aparición que se pueden reparar las heridas en común con, y no sobre, los migrantes y el daño hecho contra ellxs. El Ramos Bañados alcoholizado y el del hacinamiento covid, el del fracaso matrimonial y el que busca y busca y busca, insistente. El que paga a una prostituta venezolana para entrevistarla y acaba consolándola. El nieto de una abuela que guarda como tesoro un libro con recortes de prensa de un grupo xenófobo del siglo XX, y no abraza aquella herencia sino para girar ese odio y desactivarlo gracias al texto que nos comparte. A medida que el libro avanza, esa mirada va encontrándose y pareciéndose más y más a la que emerge en los registros e intervenciones de los migrantes venezolanos, tanto y con tal insistencia que uno termina por preguntarse: ¿quiénes son los extranjeros y por qué?

Bruno Latour dice que en un planeta cada vez más inhabitable, las olas migratorias serán a una escala nunca antes vista en la historia humana. Tentativamente, la polarización extrema nos pondrá en dos posiciones: los que están con la vida y los que no. Según él, o aprendemos a colaborar con quienes nunca imaginamos hacerlo, o no hay posibilidad de sobrevivencia para la especie humana. Bien lo dice la voz de la señora Ana, que Ramos Bañados desgraba, expresando sabiamente: “Rezo por ellos. Me hace recordar al éxodo que sale en la Biblia. Mientras se pueda, se ayuda. Quién sabe si nosotros somos los próximos en migrar.” (p72). Y el mismo escritor lo reafirma hacia el final, cuando escribe la palabra “sobrevivencia”, pero no aquella del todos contra todos, pues la nombra mientras ayuda a algunos migrantes a entrar al país, dándoles un aventón, disfrazado de coyote, fascinado en la fragilidad que comparte con los venecos, mientras atraviesan juntos un paisaje extractivista. Ese paisaje es nuestro telón de fondo común. Y pronto dejará de ser un telón de fondo para ocupar el lugar protagónico de la historia. Ese momento nos puede encontrar en guerra o colaboración, de nosotros depende.

“Trocha” es una escritura de lo común, y lo común se reactiva mediante luchas por la vida que aparecen, desaparecen, reaparecen y persisten, revelando los conflictos y contradicciones entre el hacer y el capital y reactualizando el cuidado de la vida humana y no humana, así como su continuidad mediante acciones concretas, situadas y colaborativas, como lo es cada capítulo de este libro de Rodrigo Ramos Bañados. Escritura que a pesar de la precarización laboral “se hace el tiempo” que ya nadie parece tener, un tiempo alternativo que, como lo común, es tiempo alternativo al capital y sus formas depredadoras: confección de cariño, comprensión, colaboración, acompañamiento, escucha y enigma. Acción.

Y como buena escritura de lo común y postautónoma, salió de la letra para generar efectos concretos en un territorio. Esto me lo dijo Marcela Kupfer, nuestra editora en común, cuando me contó que lo fueron a presentar a la misma ciudad en donde un grupo de chilenos xenófobos, que incluía a un viejo compañero de curso del autor, quemó un campamento de inmigrantes venezolanos, en un momento infame escrito en el mismo libro. La escritura hizo su retribución. No se dedicó solo a expropiar experiencias para sellarlas bajo un nombre propio junto al título. Se expuso a quienes fueron escritos. Esa presentación pública generó discusiones y desacuerdos que, tal vez, podrían dar paso a espacios de colaboración. En esa presentación emergieron situaciones incómodas, porque respondió la voz de los locales. ¿Quiénes serán los locales en un mundo migrante por inhabitable? En esa presentación emergió otro conflicto, se reveló otro proceso y se volvió a abrir lo común y su reescritura, fabricando presente, mientras el escritor se convertía en un común, un nodo más en una amplia constelación de sentidos.


(*)Este texto forma parte del Proyecto postdoctoral FONDECYT No 3200572 (2020-2022). Universidad Diego Portales: «Políticas de lo común ante procesos de expropiación y saqueo necropolítico: escrituras impresas y digitales latinoamericanas e hispánicas del siglo XXI”.

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