Hazme una pregunta: Acerca de «Por qué volvías cada verano», de Belén López Peiró

Claudia Apablaza

Por qué volvías cada verano (Hueders, 2021) la primera novela de la escritora argentina Belén López Peiró (Buenos Aires, 1992), un libro polifónico y kafkiano, narrado desde múltiples voces, el tío policía abusador, la expedientes judiciales, el psicólogo, la voz de su madre, su padre, una expareja, sus primas, hermano, familiares, y otros y otras cercanas a la protagonista, voces que se articulan de forma tal que generan un coro perfecto que radicaliza y hace manifiesto la evidencia de ese abuso, contrario a lo que esperan esos mismos que hablan, y que se manifiestan seguros en contra de la protagonista, para volver a silenciar y callar ese evento. 

Belén López Peiró, escritora de ¿Por qué volvías cada verano?

Así, en términos narrativos, la estrategia elegida para narrar el abuso es brillante, porque reproduce a la perfección las dinámicas del mismo, y más que lograr el cometido del silencio, lo evidencian y comprueban, descifrando cómo operan estas dinámicas en nuestra sociedad y también la conformación de la cultura, donde en pleno siglo XXI, las mujeres aún somos víctimas de las articulaciones tramposas y perversas de los efectos devastadores de ese recurso que el psicoanálisis llama “renegación” o “desmentida”, que se manifiesta en la negación de las violencias hacia las mujeres, determinada por la diferencia de no poder resolver en sí el “horror” del sexo femenino, percibido para siempre como una supuesta herida.

Así, el libro nos muestra cómo en todo abuso (o incluso en la conformación del tejido social, pensando en Marcuse en El malestar en la cultura) se monta una escena donde la protagonista (u otras mujeres) se sienten entrampada en tanto el violador, como todos los violadores, tejen una red invisible a partir de la supuesta fragilidad de la víctima (la protagonista de este libro tenía a una madre alcohólica y a un padre ausente. «Pendejas con padres ausentes y madres refugiadas en el alcohol o en la depresión»), para confundir los planos entre los cuales se intenta afirmar la subjetividad e identidad de la abusada y finalmente silenciarla, y no dejarla hablar ni autorepresentarse. Esa es la gravedad del asunto, y que muestra tan bien en Por qué volvías cada verano, la violación y el abuso interfiere los planos de apreciaciones y realidades de quien lo sufre, extensivo a la sociedad que lo oculta y sus largos silencios.

Belén López Peiró en Por qué volvías cada verano evidencia este juego de confusión de realidades del agresor y el coro posterior de cómplices, que devalúan lo ocurrido, intentando eliminar todas las pistas, consecuencias emocionales o psíquicas que puede tener la mujer abusada, bajándole el perfil, como por ejemplo, cuando el juez le dice: «Al menos no te violó», como si los límites del cuerpo y el daño sólo estuviesen puestos en un órgano sexual, biologizando y sexualizando una vez las experiencias de representación, el acceso a lo simbólico, tal como también se ha hecho con la biologización de la literatura, el sexo por sobre el género, herramienta filosa que ha  instalado por décadas el silencio hacia las “escritoras-mujeres”, retrocediendo a pensar la cultura y sus representaciones solamente ligadas a formas y cuerpos materiales, generando un abismo cada vez mayor, haciendo más evidentes las desigualdades y exacerbando el poder de un sexo por sobre el otro, el homodominio y sus eternas violencias.

También es tremendamente interesante y valioso, y siguiendo las ideas de Sidonie Smith acerca de la escritura autobiográfica, cómo la autora de este libro, con el recurso de desentrañar las políticas y poéticas de lo narrado, hace gala del gesto autobiográfico de la subversión y la posibilidad de salir de ese lugar en el que el agresor la ha dejado entrampada, subvirtiendo el silencio con su gesto.

Para Sidonie Smith hay tres caminos por los que una autora escribe una autobiografía. Primero, apropiarse del lenguaje de los patriarcas, «dominando así todos los recursos que el lenguaje pone a disposición del hombre», segundo, crear un lenguaje alternativo para contar lo sucedido, o tercero, caer en el silencio y «los eufemismos o a las circunlocuciones cuando ha tratado de presentar su versión de la subjetividad femenina». 

La autora de este libro elige escribir su autobiografía desde el lenguaje de los patriarcas, lo reproduce, después de desentrañarlo.

Así, en la elección de la autobiografía, López Peiró vuelve a demostrar cómo este género es subversivo, y logra, por un lado, el deseo de la autora de contar su historia, pero también, y por sobre todo, el deseo de escribir, de generar representación, y de no seguir siendo el mero objeto de la desarticulación textual y perversa del varón.

Pero en este viaje, también se genera el discurso alternativo del que nos habla Smith, donde la protagonista atesora la verdad dentro de sí misma como una herramienta y recurso, para desestimar todos estos otros relatos que la nombran y la intentan determinar.Por último, es notable cómo Por qué volvías cada verano abre y cierra con preguntas. «¿Por qué volvías cada verano?, y decíme, ¿Qué se siente ser abusada? ¿Qué consecuencias te trajo todo esto? ¿Podrías ser un poco más precisa?». Preguntas que ejercen distintas funciones, pero por sobre todo, conectar con las lectoras y decirnos que está abierta la pregunta, que sólo la tenemos que responder.

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