Bañar al padre

Jesús Ponce

Levantar al padre es levantar la herencia triste de un parentesco torcido. Alzar el peso de lo que en algún momento se sintió estoico y seguro, pero que ahora se deshilacha en el cosmos doméstico. Aguantar con los músculos aquel cuerpo que afirmó mis primeras aproximaciones al suelo ess caer en cuenta de que el cariño y el cuidado no obedece a escalas de normalidad.

Desvestir al padre es redescubrir un cuerpo que siempre fue, a la vez, propio y ajeno. Es un ritual para invocar los momentos pasados y volverlos contingentes. Redescubrir en ellos cosas que nunca estuvieron, sensaciones que jamás se experimentaron y que sin embargo, hoy se revelan concretas. Es resignificar los modelos familiares a punta de afectos punzantes. Encontrarse de golpe con las huellas  del esculpir del tiempo en la carne. Con la vulnerabilidad inhumana del cuerpo. Esta  arqueología ficticia apela al acto de reconocer en cada capa de su ropa, en cada puño de manga y arruga de su piel, un cariño por lo que en algún momento fue “papá” y ahora es ahogo de palabra. 

Dejar la forma esquelética y laxa reposar en la silla que se dispuso en la tina, para que descanse de la fatiga que significa mantenerse en pie. Sentir el temblor del nervio, del esfuerzo por no desparramarse, por un golpe gélido del metal en sus isquiones. 

—Tengo frío, mierda.

Encender la ducha y poner la mano. Buscar la temperatura templada que lo calme. Que lo deje abandonarse para limpiarlo. Sus mandíbulas sin dentadura buscan el temblor.

—Estoy entumido, weón.

Lanzar el agua directo a su pecho. Silencio. Veo su vello aplastarse por la presión líquida. Recuerdo las algas en los roqueríos, como ellas siguen el vaivén de las olas. Lo recuerdo a él, sosteniendo mi cuerpo en la piscina, cuando aún no me enseñaba a nadar. Son los mismos pelos que obedecen al agua estos que veo aquí, y los que siguen la dirección del chorro de la ducha. Los mismos que flotaban en el arroyo donde nos bañábamos en verano. Esa a la que bautizamos “río” y que estaba escondida entre los árboles, cuando vacacionamos en la parcela de sus amigos. Donde nos sentábamos tardes enteras sobre los huiros, para escapar del calor. Para huir de mamá. Esas plantas acuáticas, como él ahora, también se dejan llevar por el cauce.

Un guante rasposo para untar el jabón en su pellejo. Para que la piel muerta se desprenda y desaparezca en el desagüe. Me sorprende pensar, mientras restriego sus piernas, en las várices, en lo gastado y en las capas de su ser. Son imágenes en las que uno no se detiene sino es en lo más-que-cotidiano. Pasar por su genitalidad por tanto tiempo invisible. Verla aparecer, hacerse presente en su castración social. El viejo es asexuado, dictan las voces de los otros. El viejo enfermo no desea. Qué mentira. Qué náusea.

Limpiar con cuidado clínico la privacidad del espacio entre sus glúteos. Aguantar la respiración y pensar en todas las veces que él lo hizo por mí. Lo hago como él me lo enseñó. Hoy yo lo sostengo, a la vez que él me contiene sosteniéndolo. El espectro de mi padre histórico nos acompaña en el acto del cuidado. Todo lo que hago en este preciso instante de baño, de encuentro y de pena, toda acción de cariño ante el cuerpo del padre se formó a partir de sus enseñanzas, de él. De sus caricias, de sus cuidados. Tallar el cuerpo del otro que a la vez es el padre con las manos del hijo, es enfrentarse sin armas al alma del orden santo. Subvertir las categorías de los poderes familiares, y con el sólo gesto de fregar con ternura, hacer aparecer lo real. La mano que pasa por el cuerpo, que roza y limpia, que cuida a pesar del dolor, es a la única a la que puedo señalar como verdadera. Todos los demás pensamientos sobre mi papá se han vuelto ficción.

— ¿Pensaste alguna vez que un hijo te bañaría?

— Jamás. — me confiesa a cascar de dientes. —Nunca en la vida.


Jesús Ponce es cuidador, escritor e investigador. En sus obras explora las relaciones de cuidado, los nuevos materialismos y la estética cotidiana.

*Créditos de la fotografía a Jesús Ponce. En ella: su padre, a quien cuida.

Una respuesta a “”

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: