Tierra fresca de su tumba: una genealogía textual para el origami de la vida

Claudia A. Costagliola

Tierra fresca de su tumba es una colección de seis cuentos extraordinarios: La mansedumbre, Pez, tortuga, buitre, Cuando llueve parece humano, Socorro, Piel de asno y Hermano ciervo. Se trata de relatos tan hermosos como retorcidos que surgen desde una oscuridad insondable donde abunda la excrecencia barroca del horror vacui y la petit mort, salpicada de un tono testimonial que a ratos acompaña a sus personajes al borde de un precipicio espeluznante; para luego cobijarlos con la nostálgica e inocente dulzura de la infancia. El lenguaje que pueblan los textos de Tierra fresca de su tumba se materializa a través de lo sensorial (pelos, polvo, químicos, un bulto muerto, las flores y un huevo, por citar algunos) y lo promiscuo. Otras veces se embiste de acentos locales y heredados donde se vislumbra el doloroso peso de la inmigración: el inglés, el tonito afrancesado, el japonés, el michif y el español. Del mismo modo, Rivero retrata con delicioso detalle algunos asentamientos en tierra boliviana. Este es el caso de la comunidad menonita de La mansedumbre o las familias de colonos de Okinawa que nos susurran los secretos ancestrales de la señora Keiko (Cuando llueve parece humano). 

Llama la atención que una de las preocupaciones que evidencian los personajes tiene que ver con el lenguaje que aún no se ha inventado o que está vedado por lo que no puede nombrar. Así, por ejemplo, a la narradora de Hermano ciervo le es imposible verbalizar aquel “mundo de elegancia y belleza” de esos “ciervos niños”. Sin embargo, desde la frustración de la incomunicación emerge con la misma fuerza el lenguaje de los silencios, los malos pensamientos, los sueños y la vergüenza (Socorro); donde el exorcismo de la escritura se las arregla para llegar con palabras precisas a esos huecos oscuros y cubrir aquellas rendijas que son imposibles de llenar con el cuerpo. 

Y aunque el cuerpo es un elemento omnipresente en los seis relatos de la colección, no siempre se relaciona con su dimensión material. A momentos funciona como un reflejo fenoménico cuya suerte se baraja según la trayectoria de los planetas o por la posición del sol y la luna, dos presencias simbólicas muy fuertes que en algunos puntos develan y en otros trastocan el tejido de la narración. Asimismo, el cuerpo puede servir de instrumento de placer y/o de horror en la medida en que se es violado (La mansedumbre, Piel de asno) o se prostituye en nombre de la inmunda industria farmacológica (Hermano ciervo). La versatilidad de la narración dota de fertilidad al cuerpo como un campo sembrado o lo vacía en tanto receptáculo baldío de lo anómalo. Sin embargo, la protección y la salvación son ideas que conviven en la galería de cuerpos (in)dóciles que prevalecen en el discurso y que, de una u otra manera, se perciben como un correlato de una maternidad que lo excede: la naturaleza. Esta última se hace presente de una manera tan evidente como espontánea a través de los distintos elementos –agua, tierra, cielo y fuego–; como en la diversidad de los seres que la pueblan: insectos, ciervos, osos, serpientes, pumas, ballenas, medusas, peces y buitres. En esta ecuación natural, el cuerpo se concibe como una sustancia elástica que se desdobla de manera que todos los seres posibles coexisten en diferentes planos (místico, histórico, astrológico, teleológico, mitológico, intelectual, geográfico, onírico, etc.); y donde cada ente es parte de un entramado mayor que se mueve entre el más allá y el más acá. Y es en esta dinámica donde los movimientos físicos y espirituales hilan un puente oscilante que comienza en nosotros mismos y busca conectarse con esa energía primordial que al menos provoque esa sensación de (auto)liberación, aunque sea por un solo instante. En otras palabras, cada una de estas historias puede interpretarse como una súplica incansable por la emancipación, es decir, un sabotaje a la domesticación que puede leerse desde muchos ángulos: colonización, subyugación, abandono o perdición.  

Por otra parte, estos relatos proponen una construcción de tipo orgánica puesto que la narración vincula los fluidos humanos con el resto de la naturaleza. Así, la sangre, la saliva, los orines, los excrementos, el semen y los sonidos que emanan del cuerpo permiten nuevas aleaciones de sentido en la medida que intervienen en el paisaje relatado. Mirándolo desde esa perspectiva la muerte es muy relevante porque sin ella no se produce la esperada transformación. De ahí que la tierra de la tumba a la que alude el título del libro debe estar fresca, remitiendo a la idea de flujo permanente, de movimiento. En esta misma línea, se puede decir que un punto clave para la trascendencia reside en una cualidad empática -que se identifica en la figura recurrente de los hermanos- y que explica el posesivo su de tierra fresca de su tumba. De lo anterior podríamos inferir que este principio de conectividad que tanto concierne a los personajes se resuelve si pensamos en la posibilidad de coexistir a través de un sujeto plural (parafraseando el being singular plural de Jean Luc Nancy). Se trata de relaciones simbióticas (como los hermanos de Piel de asno, la pareja de Hermano ciervo, o los náufragos de Pez, tortuga, buitre, etc.) que en su desproporcionada no-funcionalidad van derribando las murallas de lo inimaginable legitimando ese sentimiento de extrañeza que en cualquier otra circunstancia detiene el avance hacia la liberación (ya sea por el miedo a perdernos o para eludir a esa sensación de vacío que nos paraliza). De cualquier manera, esta última decisión queda en manos del lector.Tierra fresca de su tumba, a través de las distintas rutas que configuran sus relatos, examina las posibilidades para saborear la plenitud de esa ansiada compenetración vital. Dicha intención se desarrolla con una inteligencia y profundidad excepcional que responde a la madurez literaria de la autora complementada con sus propias vivencias de amor, dolor y pérdida tal como lo ha manifestado en diversas entrevistas. En cada relato de esta colección puede apreciarse el resultado de un sofisticado proceso creativo donde cada cuento se asemeja a una pieza de origami articulada a partir de minuciosos y precisos dobleces. Lo anterior hace que la experiencia de lectura de esta colección sea una de las más conmovedoras y memorables respecto de la literatura hispana del momento.

Una respuesta a “”

  1. Este comentario del libro es un reflejo mágico del mismo que te invita a leerlo desesperadamente y encontrar todo lo que comenta como por caminos eternos y envejecidos de esperanza

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