“Sigue el correr de tu sangre”: entrevista con James Baldwin

Por Richard Goldstein
Publicado en The Village Voice, el 26 de junio de 1984
Traducción de Franco Urra Cabezas

James Baldwin, uno de los escritores en lengua inglesa más influyentes del siglo XX, es al mismo tiempo uno de los más difíciles de clasificar. Su obra, que comprende novelas, ensayos, poemas, obras de teatro y colaboraciones con otros artistas, elude constantemente los estándares literarios y estéticos prototípicos de mitad del siglo XX. Igualmente inclasificable resultó ser el mismo Baldwin. De naturaleza solitaria (pero no por eso alejado del acontecer nacional ni apartado de su entorno social) nunca se sintió totalmente cómodo perteneciendo a ninguna agrupación, comunidad u asociación. En el ámbito político y en el religioso, Baldwin rehusaba cualquier encasillamiento y, ciertamente, lo mismo puede decirse de su sexualidad. En esta, quizás una de sus entrevistas más personales, el autor expresa su inconformidad con las etiquetas «gay» y «homosexual», al considerarlas reductivas e insuficientes para abarcar todo lo que sentía con respecto a su sexualidad, –la que, afirmaba, debía mantenerse en el ámbito privado–. De este modo, para Baldwin la homosexualidad no es un rasgo identitario como lo entendemos en la actualidad: para él, es «un verbo» en vez de «un sustantivo», como sostiene en su conversación con Goldstein; una experiencia que se vive a solas en vez de englobar formas de entender y de desenvolverse en el mundo que lo hacen a uno ser parte de una comunidad; en fin, un fenómeno que no es capaz de constituir una base política sólida. Esta visión sobre la homosexualidad, ciertamente influenciada por la época y la historia personal del autor, puede suscitar sorpresa viniendo de quien es considerado uno de los precursores de la literatura queer negra con la publicación de La habitación de Giovanni en 1956 (novela de la que Baldwin, sin embargo, asegura que “en realidad no trata sobre la homosexualidad»). Es una de las tantas complejidades que surgen al momento de analizar la obra de un autor que resiste toda definición, cuestionando y empujando los límites no solo en términos artísticos, sino también en lo concerniente a nuestra esencia como seres humanos. La presente entrevista es, por tanto, un pequeño atisbo en la mente no de James Baldwin el “escritor negro homosexual y activista de los derechos civiles”, sino que de la persona detrás de todas esas etiquetas que él tanto detestaba.


Sigue el correr de tu sangre

Al comienzo de la década de los ‘80, leí una extensa entrevista a James Baldwin en el The New York Times Book Review que no incluía ni un ápice sobre la sexualidad del entrevistado. Como pertenezco a la generación de hombres gay para quienes la ficción de Baldwin fue un vector temprano de autodescubrimiento, decidí levantar el tema yo mismo. Así que di con el paradero de Baldwin y lo fastidié con política y encanto personal hasta que aceptó juntarse conmigo en el café Riviera del Village*, un lugar que frecuenta hace tiempo. Cuando llegué, Baldwin estaba sentado en una de las mesas de afuera, observando los objetos exóticos con la mirada ligeramente distraída que cultivan los europeos. Procedo a “orientarlo” con la entrevista que vendrá a continuación solamente para descubrir que sabe muy poco sobre el estado actual de la vida gay en los Estados Unidos: ¿qué es un “clon”**? quiso saber, y ¿cómo se transmite el SIDA? Lo que ocurrió durante los días siguientes fue una de las experiencias más poderosas de mi vida profesional —una comprensión de la naturaleza paradójica de la cultura gay en un hombre que encontró gran parte de su agudeza y dolor en el nexo entre racismo y homofobia. Pero lo que más recuerdo de esa tarde es la mirada de Baldwin, como la de un gnomo, lejos de ser serena, él rodeado de transeúntes que lo reconocían y que solo querían decirle, como yo, cuán llena de él iban a estar siempre nuestras vidas. 

GOLDSTEIN: ¿Se siente como un extraño en los Estados Unidos gay?

BALDWIN: Bueno, primero que todo, me siento como un extraño en los Estados Unidos desde todos los ángulos concebibles excepto, extrañamente, como una persona negra. La palabra “gay” siempre me ha hecho enojar. Nunca entendí qué es exactamente lo que significa. No quiero sonar distante o condescendiente porque no es así como me siento realmente. Simplemente siento que es un mundo que tiene muy poco que ver conmigo, con el lugar en el que crecí. Nunca me sentí a gusto con ella [la palabra gay]. Incluso en mis primeros años en el Village, lo que veía de ese mundo me asustaba y me desconcertaba absolutamente. Nunca entendí la necesidad de todo ese juego de roles. Y de cierto modo, sigo sin entenderlo.


GOLDSTEIN: ¿Nunca se consideró a sí mismo como un hombre gay?

BALDWIN: No. Nunca tuve una palabra para ello. La única que tenía era “homosexual” y no abarcaba con exactitud lo que sea que yo estuviera comenzando a sentir. Incluso cuando empecé a darme cuenta de ciertas cosas sobre mí mismo, cuando comencé a sospechar quién era yo y en quién me convertiría, era aún algo muy personal, absolutamente personal. Realmente era un asunto entre Dios y yo. Tendría que vivir la vida que él quería que yo viviera. Hace mucho, mucho tiempo le dije que habría dos de nosotros en el propiciatorio. Él no iba a ser quien hiciera todas las preguntas.

GOLDSTEIN: ¿Cuándo comenzó a considerarse en esos términos?

BALDWIN: Me golpeó con gran fuerza mientras estaba en el púlpito. Tendría unos catorce años. Aún era virgen. No tenía idea de lo que supuestamente había que hacer al respecto. En realidad, no entendía nada de lo que estaba sintiendo excepto que sabía que amaba a un chico, por ejemplo. Pero era privado. Y para cuando me fui de casa, cuando tenía diecisiete o dieciocho y aún era virgen, era como todo lo demás en mi vida, un problema que tendría que resolver por mi cuenta. Sabes, nunca se me ocurrió unirme a un club. Debo decir que me sentía muy, muy solo. Pero me sentía solo en tantos niveles que éste era un aspecto más de todo eso.

GOLDSTEIN: Y cuando hablamos de la vida gay, que está tan orientada a los grupos, tan tribal…

BALDWIN: Y yo no soy ese tipo de persona, en lo absoluto.

GOLDSTEIN: …¿Se siente desconcertado por ella?

BALDWIN: Me siento alejado de ella. Es un fenómeno que apareció mucho después de que yo estuviera formado. De algún modo, no podría haberla costeado. Verás, yo no soy un miembro de nada. Me uní a la iglesia cuando era muy, muy joven, y desde entonces no me he unido a nada más, excepto por un breve período en el Partido Socialista. Sabes, soy un inconformista. Pero eso no significa que no crea firmemente en mis hermanos y hermanas.

GOLDSTEIN: ¿Tiene algún sentido de responsabilidad con la gente gay?

BALDWIN: Con el fenómeno que llamamos gay, sí. Siento una responsabilidad especial porque tuve que ser una especie de testigo de ello, sabes. 

GOLDSTEIN: Usted es uno de sus arquitectos al escribir públicamente sobre ello y elevarlo al terreno de la literatura.

BALDWIN: Anuncié públicamente que pertenecíamos a lo privado, si entiendes lo que quiero decir.

GOLDSTEIN: Cuando considero el riesgo que debió haber significado el escribir sobre la homosexualidad cuando usted lo hizo…

BALDWIN: Estás hablando de La habitación de Giovanni (1956). Sí, fue duro. Pero tuve que hacerlo para aclarar algo sobre mí mismo.

GOLDSTEIN: ¿Qué era?

BALDWIN: En qué parte del mundo me encontraba. Quiero decir, de qué estoy hecho. De todos modos, La habitación de Giovanni en realidad no trata sobre la homosexualidad. Es el vehículo a través del que se mueve el libro. Díselo a la montaña (1953), por ejemplo, no es un libro sobre la iglesia, y La habitación de Giovanni no es realmente sobre la homosexualidad. Es acerca de lo que te pasa si tienes miedo de amar a alguien. Lo que es mucho más interesante que la pregunta sobre la homosexualidad.

GOLDSTEIN: Pero usted no encubrió la sexualidad. 

BALDWIN: No.

GOLDSTEIN: Y esa decisión por sí misma debió ser sumamente riesgosa. 

BALDWIN: Sí. La alternativa era peor.

GOLDSTEIN: ¿Cuál habría sido?

BALDWIN: Si no hubiese escrito ese libro probablemente habría dejado de escribir.

GOLDSTEIN: Fue así de serio. 

BALDWIN: Es así de serio. La cuestión del afecto humano, de la integridad, en mi caso, la cuestión de intentar convertirse en escritor, todas ellas están ligadas a la cuestión de la sexualidad. La sexualidad es solo una parte de ello. Ni siquiera sé si sea la parte más importante. Pero es indispensable. 

GOLDSTEIN: ¿Hubo gente que le aconsejó no escribir el libro de forma tan sincera?

BALDWIN: No le pregunté a nadie. Cuando entregué el libro, me dijeron que no debí haberlo escrito. Me dijeron que debía tener en mente que era un joven escritor negro con cierto público y que no debería alejar a ese público. Y que si publicaba el libro, iba a destruir mi carrera. Me dijeron que, para hacerme un favor, no iban a publicar el libro. Así que llevé el libro a Inglaterra y lo vendí allá antes de venderlo aquí. 

GOLDSTEIN: ¿Cree que su sexualidad sin resolver lo motivó, en un principio, a escribir?  

BALDWIN: Sí. Bueno, todo estaba sin resolver. La cuestión sexual era solo una de esas cuestiones. Por un momento fue la cosa más tormentosa y pudo haber sido la más peligrosa. 

GOLDSTEIN: ¿De qué modo?

BALDWIN: Bueno, porque me causaba mucho miedo.

GOLDSTEIN: No creo que la gente heterosexual se dé cuenta de cuán aterrador es reconocerse a uno mismo que éste es quien vas a ser para siempre.

BALDWIN: Es muy aterrador. Pero la tal llamada persona heterosexual no está mucho más a salvo que yo en realidad. Amar a alguien y ser amado por alguien es un peligro inmenso, una tremenda responsabilidad. Amar a los hijos, criar a los hijos. Los horrores que atraviesan los homosexuales en esta sociedad no serían tan grandes si la misma sociedad no atravesara tantos horrores que no está dispuesta a admitir. El descubrimiento de la preferencia sexual de uno mismo no tiene por qué ser un trauma. Es un trauma porque la sociedad está muy traumatizada. 

GOLDSTEIN: ¿Tiene alguna idea de qué es lo que hace a la gente odiar a los homosexuales?

BALDWIN: Terror, supongo. Terror de la carne. Después de todo, se supone que debemos mortificar la carne, una doctrina que ha causado horrores incalculables. Ésta es una cultura muy bíblica; la gente cree que el pago del pecado es la muerte. De hecho, el pago del pecado es la muerte, pero no de la forma en la que la entienden los guardianes de la moral de nuestro tiempo y espacio.

GOLDSTEIN: ¿Hay en la homofobia algún componente estadounidense?

BALDWIN: Creo que los estadounidenses tienen miedo de sentir cualquier cosa. Y la homofobia simplemente es un ejemplo extremo del terror ligado al hacerse adulto. Nunca conocí un pueblo más infantil en toda mi vida. 

GOLDSTEIN: Suena como Leslie Fiedler***.

BALDWIN: Espero que no [ríe].

GOLDSTEIN: ¿Es tan apocalíptico ante la posibilidad de una reconciliación sexual como de la forma en que lo es sobre la reconciliación racial?

BALDWIN: Bueno, ambas se juntan. La cuestión racial y la cuestión sexual siempre han estado ligadas, sabes. Si los estadounidenses pueden madurar en el ámbito del racismo, entonces deben madurar en el ámbito de la sexualidad. 

GOLDSTEIN: Creo que podríamos coincidir en que estamos viendo un atrincheramiento en las relaciones raciales. ¿Percibe lo mismo en las relaciones sexuales?

BALDWIN: Sí. Hay lo que podríamos llamar una reacción violenta que, me temo, está recién empezando.

GOLDSTEIN: Sospecho que la mayoría de la gente gay fantasea sobre el genocidio. 

BALDWIN: Bueno, no es exactamente una fantasía ya que la sociedad hace saber de forma muy, muy clara su voluntad hacia ti. En especial la policía, por ejemplo, o los conductores de camión. Sé por experiencia propia que los machos —conductores de camión, policías, futbolistas—, son gente mucho más compleja de lo que quieren darse cuenta. Por eso los llamo infantiles. Tienen necesidades que, para ellos, son inexpresables. No se atreven a mirarse en el espejo. Y es por eso que necesitan a los maricones*. Crearon a los maricones con el fin de representar una fantasía sexual en el cuerpo de otro hombre y no hacerse para nada responsables sobre ello. ¿Entiendes lo que quiero decir? Creo que para el hombre homosexual es muy importante reconocer que él es un blanco sexual para otros hombres y por eso lo desprecian y lo llaman maricón. Lo llaman maricón porque otros hombres lo necesitan. 

GOLDSTEIN: ¿Por qué cree que la homofobia se asocia tan a menudo con la derecha del espectro político?

BALDWIN: Es una forma de controlar a las personas. Finalmente, a nadie le importa quién se va a la cama con quién. Quiero decir, al estado no le importa realmente, a la iglesia no le importa realmente. Les importa que estés asustado de lo que haces. Mientras te sientas culpable por ello, el estado puede gobernarte. Es una forma de ejercer control sobre el universo, asustando a la gente.

GOLDSTEIN: ¿Por qué los pastores negros no necesariamente comparten esta retórica?

BALDWIN: Quizás porque son más maduros que muchos pastores blancos.

GOLDSTEIN: ¿Nunca escuchó ninguna retórica anti-gay en la iglesia?

BALDWIN: No en la iglesia en la que crecí. Estoy seguro de que sigue siendo así. Para nosotros, todos somos hijos de Dios.

GOLDSTEIN: ¿Nunca nadie le dijo “maricón” en la parte alta de la ciudad?

BALDWIN: Por supuesto. Pero hay una diferencia en la forma en que se usa. Tiene menos veneno, por lo menos en mi experiencia. No conozco a nadie que haya negado a su hermano o a su hermana por ser gay. Sin duda ocurre. Debe ocurrir. Pero en general, una persona negra tiene mucho que aguantar durante el día sin terminar enredándose en todas las fantasías estadounidenses.

GOLDSTEIN: ¿Tienen los hombres gay negros la misma sensación de sentirse distanciados que los gays blancos? Quiero decir, yo me siento distinto a otras personas blancas.

BALDWIN: Bueno, yo creo que eso pasa porque te han castigado injustamente, por así decirlo; te encuentras fuera de cierta seguridad en la que crees que naciste. Una persona gay negra que es un misterio para la sociedad se encuentra, mucho antes de que la cuestión de la sexualidad cobre importancia, amenazada y señalada porque él o ella es negra. La cuestión sexual viene después de la cuestión sobre el color; es simplemente un aspecto más de los peligros que deben enfrentar las personas negras. Yo creo que los gays blancos se sienten engañados porque, en principio, nacieron en una sociedad en la que supuestamente deberían sentirse a salvo. La anomalía de su sexualidad los pone en peligro, inesperadamente. Me parece que su reacción va en proporcionalidad directa a la sensación de sentirse engañados sobre las ventajas que les corresponden a las personas blancas en una sociedad blanca. Siempre me ha parecido a mí que hay un elemento de perplejidad y de queja. Ahora, eso quizás suena muy duro, pero el mundo gay como tal no está más preparado que ningún otro sector de la sociedad para aceptar a los negros. Es un mundo sumamente hermético con características muy poco atractivas, incluyendo el racismo.

GOLDSTEIN: ¿Es optimista acerca de la posibilidad de que los negros y los gays formen una alianza política? ¿Ve algún fundamento en especial para que exista empatía entre nosotros?

BALDWIN: Sí. Por supuesto.

GOLDSTEIN: ¿Cuál sería?

BALDWIN: Bueno, el fundamento sería el sufrimiento compartido, percepciones compartidas, esperanzas compartidas.

GOLDSTEIN: ¿Qué percepciones compartimos?

BALDWIN: Supongo que una de ellas sería la percepción de que el amor está donde lo encuentras. Si es que entiendes lo que quiero decir.

GOLDSTEIN: [Risa] O, para el caso, donde lo pierdes.

BALDWIN: Ajá.

GOLDSTEIN: ¿Pero, tenemos las personas gay conciencia sobre las percepciones que compartimos con los negros?

BALDWIN: En mi experiencia, no.

GOLDSTEIN: Así que supongo que no está muy esperanzado con que esa coalición pueda hacer una diferencia en la política urbana.

BALDWIN: Es solo que la cuestión ha penetrado en mi mente de otra forma. Conozco a muchas personas blancas, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, lo que sea, que no son como la mayoría de sus compatriotas. Bajo qué fundamento podríamos armar una coalición sigue siendo una pregunta abierta. La idea de basarla en la preferencia sexual me parece un tanto sospechosa, como si fuera menos que una base sólida. Me parece que una coalición debiera basarse en el fundamento de la dignidad humana. De todos modos, lo que nos conecta, hablando sobre la vida privada, es en gran medida algo tácito. 

GOLDSTEIN: A veces pienso que los gays buscan en los negros una especie de sanación…

BALDWIN: No solo los gays.

GOLDSTEIN: …Sanación a su aislamiento.

BALDWIN: Eso debería hacerlo, en primer término, la persona, y luego de eso podrás encontrar compañía.

GOLDSTEIN: Cuando escuché a Jesse Jackson** hablarle a un público gay, quise decirle que no había ningún pecado, que me habían perdonado.

BALDWIN: ¿Sigue siendo un tema para ti? ¿La cuestión del pecado?

GOLDSTEIN: Creo que sí, en cierto modo, a pesar de que no soy creyente.

BALDWIN: Qué extraño. No me había dado cuenta de que lo veías como un pecado. ¿Muchos gays sienten lo mismo?

GOLDSTEIN: No lo sé [risas]. Creo que estoy tirándole algo, la idea de que los gays sienten que los negros les confieren una especie de aceptación al acogerlos en una coalición. Se me hace imposible no pensarlo en esos términos. Cuando me surgen fantasías de un alcalde o un presidente negro, pienso que sería mejor para las personas gay.

BALDWIN: Bueno, no romantices a los negros. Aunque entiendo tu punto.

GOLDSTEIN: ¿Cree que los negros poseen una mayor capacidad de tolerancia, de aceptación incluso, en su sentido más verdadero?

BALDWIN: Bueno, hay en los negros una capacidad para la experiencia, simplemente. Y esa capacidad hace posible otras cosas. Dicta la profundidad de aceptación hacia otras personas. La capacidad de la experiencia es lo que agota al miedo. Porque la homofobia de la que hablamos en realidad es un tipo de miedo. Es terror a la carne. Es, realmente, el terror a ser tocado.

GOLDSTEIN: ¿Piensa tener hijos?

BALDWIN: Ya no. Es algo de lo que me arrepiento mucho, quizás el único arrepentimiento que tengo. Pero no podría habérmelas arreglado en ese entonces. Ahora ya es muy tarde.

GOLDSTEIN: Pero no le incomoda la idea de que las personas gays sean padres.

BALDWIN: Mira, los hombres se han acostado con otros hombres por miles de años—y han criado tribus. Ésta es una enfermedad de occidente, realmente lo es. Es una división artificial. Los hombres seguirán acostándose con otros hombres cuando suene la trompeta. Es solo esta cultura infantil la que le ha dado tanta importancia.

GOLDSTEIN: ¿Así que piensa que la homosexualidad es universal?

BALDWIN: Por supuesto. No hay nada en mí que no esté en el resto del mundo, y nada en el resto del mundo que no esté en mí. Estamos atrapados en el lenguaje, por supuesto. Pero “homosexual” no es un sustantivo. Por lo menos no en mi libro.

GOLDSTEIN: ¿Qué categoría gramatical sería?

BALDWIN: Quizás un verbo. Verás, solamente puedo hablar de mi propia vida. He amado a algunas personas y ellas me han amado a mí. No tiene nada que ver con estas etiquetas. Por supuesto que el mundo tiene toda clase de palabras para nosotros. Pero ese es un problema del resto del mundo.

GOLDSTEIN: ¿Es un problema para usted la idea de tener sexo solo con personas que se identifican como gay?

BALDWIN: Bueno, verás, mi vida no ha sido para nada de esa forma. Quienes fueron mis amantes nunca, bueno, la palabra “gay” no habría significado nada para ellos.

GOLDSTEIN: Eso significa que se movían en el mundo heterosexual.

BALDWIN: Se movían en el mundo.

GOLDSTEIN: ¿Cree que el mundo gay es una especie de refugio falso?

BALDWIN: Creo que quizás impone una limitante que es innecesaria. Para mí, un hombre es simplemente un hombre, una mujer es una mujer, y con quién se acuestan no es asunto de nadie más que de ellos. Supongo que lo que quiero decir es que la preferencia sexual de una persona es un asunto privado. Me ofende la interferencia del estado, o de la iglesia, o de cualquier institución en mi único camino hacia lo que sea que estemos viajando. Pero se ha convertido en una cuestión pública gracias a las instituciones de este país. Puedo percibir cómo el mundo gay cambia de rumbo en respuesta a ello. Y para contradecirme a mí mismo, supongo, o más bien espero, que sea mucho más fácil para el transgresor reconciliarse consigo mismo que como lo fue para muchas personas de mi generación—fue difícil para mí. En resumen, es difícil ser odiado. Y si es que el llamado movimiento gay puede hacer que hombres y mujeres, chicos y chicas, puedan lograr una especie de aceptación de forma mucho más rápida y menos dolorosa, entonces ése es un tremendo avance. No creo que pueda lograrse a ese nivel. Mi punto de vista, hablando desde los Estados Unidos negro, cuando tuve que intentar responder a ese estigma, esa especie de maldición social, me parecía un grave error responder en el lenguaje del opresor. Mientras reaccionara como un negro***, mientras protestara con evidencia o suposiciones de otros, simplemente estoy reforzando esas suposiciones. Mientras me queje de ser oprimido, el opresor tendrá el consuelo de saber que soy consciente de cuál es mi lugar, por decirlo así.  

GOLDSTEIN: Usted siempre dará un paso al frente y afirmar que es homosexual. Nunca lo va a esconder o negar. Y sin embargo, ¿se rehúsa a hacer su vida entorno a ello?

BALDWIN: Sí. Eso lo resume muy bien. 

GOLDSTEIN: Me parece que ése es un equilibrio al que muchos de nosotros querríamos recurrir, en un clima donde sea posible.

BALDWIN: Uno tiene que generar ese clima por su cuenta.

GOLDSTEIN: ¿Tiene alguna fantasía positiva sobre el futuro?

BALDWIN: Tengo buenas y malas fantasías.

GOLDSTEIN: ¿Cuáles son algunas de las buenas?

BALDWIN: Oh, que estoy trabajando por la Nueva Jerusalén. Es verdad, no estoy bromeando. No viviré para verla, pero sí creo en ella. Creo que estaremos mejor de lo que estamos ahora.

GOLDSTEIN: ¿Cómo cree que serán las personas gays en ese entonces?

BALDWIN: Nadie tendrá que llamarse a sí mismo gay. Quizás eso subyace mi impaciencia con el término. Responde a un falso argumento, una falsa acusación.

GOLDSTEIN: ¿Cuál sería?

BALDWIN: Que no tienes derecho a estar aquí, que tienes que demostrar tu derecho a estar aquí. Lo que quiero decir es que no tengo nada que demostrar. La palabra también me pertenece.

GOLDSTEIN: ¿Qué consejo le daría a un hombre gay que está saliendo del clóset?

BALDWIN: ¿Salir del clóset significa decirlo en público?

GOLDSTEIN: Supongo que le estoy imponiendo esos términos.
BALDWIN: Sí, no son mis términos. Pero ¿qué consejo podrías dar? El mejor consejo que he recibido me lo dio un viejo amigo mío, un amigo negro, que me dijo que tienes que seguir el correr de tu sangre. Si no vives la única vida que tienes, no vivirás ninguna otra, no vivirás ninguna vida en absoluto. Ése es el único consejo que uno podría darle a cualquier persona. Y no es un consejo, es una observación.

* Greenwich Village, barrio ubicado al oeste del centro de Manhattan, Nueva York, conocido por ser la cuna del movimiento LGBTQ+ contemporáneo.

** Es probable que la connotación del término en el contexto de esta entrevista sea de carácter sexual, haciendo referencia a un hombre que ha tenido relaciones sexuales con otro hombre “dotado”; así, se dice que el primero ha sido “clonado” por el segundo.

*** Crítico literario estadounidense que hacía uso de distintas teorías psicológicas al momento de analizar una obra.

*“Faggot”, término peyorativo y ofensivo para referirse a un hombre gay.

** Activista, político y pastor afroestadounidense.

*** Baldwin utiliza el término peyorativo nigger.

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