Sobre Cosas que parecen permanentes, de Catalina Jiménez García–Tello

Constanza G. Cortés

A Catalina Jiménez García–Tello (Villa Alemana, 1993) comencé a seguirla hace algunos años por su blog, dedicado a comentarios de libros, reflexiones, escritos personales, entre otros. Me gustaba como, a través de un lenguaje simple y claro, retrataba pequeñas cosas que parecían pasar desapercibidas: la nostalgia y el cariño por los clásicos -donde destacan, por ejemplo, referencias a grandes autoras del XIX-, diversas capturas de su cotidianeidad y lo que la rodea, y en sí, su amor por la literatura, que no dejaba lugar a dudas que, en algún momento, iba a terminar plasmando por su cuenta con elocuencia, como ya se había podido evidenciar en su texto “Hipocondría”, ganador de una mención honrosa en los Juegos Literarios Gabriela Mistral 2018 en la categoría Cuento Juvenil.

Foto de la autora, Catalina J. García – Tello

Todo lo que pasa fugazmente por nuestra vida, dejando huellas y resquicios de lo que alguna vez fue, está vertido en su obra. Bajo esa premisa, Cosas que parecen permanentes (Ediciones Overol, 2022) es una novela que, mediante “episodios de adolescencia y adultez temprana”, busca retratar las experiencias sensibles del sujeto que está en constante transformación. La novela parte con la protagonista, Constanza, de apenas quince años, a quien la invade la sensación de que, en su grupo de amigos, no son personas realmente. Se presenta como una chica curiosa respecto de lo que la rodea, a quien le queda la sensación de “no saber” -que, probablemente, varios hemos experimentado- que la exaspera. Luego, realiza un salto a su yo de 26, a quien define como una persona “triste con vocación de alegría”, quien logra describirse, pero no dar cuenta que si de la forma en que se percibe ella, es la forma en que la perciben los demás. A partir de ello, la novela se propone como un relato de formación del sujeto, quien recorrerá, a través de la memoria, diversos hitos que van marcando su devenir en adulta. 

Por una parte, vemos una narradora que habita un presente que poco a poco se fragmenta y la quebranta, a través de quiebres emocionales y afectivos, que dan cuenta de los diversos procesos de duelo que atraviesa; estos, sin lugar a dudas, van forjando su identidad que, desde un principio, parece no reconocer: “Me miro al espejo y no me queda claro cómo soy. Ni por dentro ni por fuera”. A partir de ello, la protagonista, desde la perdida y reconstrucción de lo propio, nos da retazos de situaciones donde se deja de distinguir en lo que antes la parecía definir: su identidad, desde su corporalidad hasta su interior, se ve remecida, presentándonos una desconexión (y posterior intento de reencuentro) con lo que la rodea.

Por otro lado, a través de las páginas observamos el inicio y posterior separación con Francisca, su pareja, en quien se evidencia el deseo por (ser) el otro –“¿Quiero ser como ella o me gusta?”- y la posibilidad que surge ante el quiebre para experimentar nuevas experiencias. Nos permite, por medio de la narración de las distintas etapas de su relación, entrar en ella y en los diferentes pormenores e hitos que la rodearon. Por último, nos encontramos con la muerte de su padre, la cual corona un sube y baja de emociones que, de la mano de su propio cuestionamiento, termina por construir un hilo narrativo que nos permite entender que nada es permanente: todo está en constante cambio y expuesto a acabar, llenándonos de nostalgia frente a un futuro que carecerá de todo lo que en un momento tuvimos hoy. 

Distintos recovecos nos llevan a explorar la sexualidad (y sensualidad) de Constanza, quien, a través de la amistad y la autoimagen que crea de sí misma, nos invita a cuestionarnos y crearnos a nosotros mismos, animándonos a preguntarnos cuántas certezas (y estabilidades) realmente tenemos en nuestro diario vivir. La lectura es liviana; nos lleva, de alguna forma, al viaje que vive la protagonista, al sumergirnos en sus emociones y divagaciones, permitiendo que, como lectores, podamos identificar en esas situaciones, momentos que ya hemos vivenciado -en particular a quienes estamos en proceso de conocernos un poco más-.

Una de mis citas favoritas de Cosas que parecen permanentes dice: “Pienso que de ahora en adelante las cosas solo pueden ir hacia arriba, pero es impredecible”. Si bien no sabemos mucho más allá del futuro literario de Catalina Jiménez, es probable que solo vaya hacia arriba: todo lo expresado es desde los sentimientos y el corazón. 


Constanza G. Cortés (San Bernardo, 1994). Soy Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica mención Literatura. Me gusta hablar (y escribir) sobre libros.

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