El miedo como zona de contacto: La otra orilla de Javiera Vega

Diego Leiva Quilabrán

Un párrafo me va a tomar introducir esta experiencia de lectura, así como Javiera Vega, la autora de La otra orilla. Introducción al terror japonés en cine, manga y anime (Ediciones Zero, 2021) presenta su texto. Es primera vez que hablo públicamente y en extenso de algo referido a anime y/o manga, aun cuando ni ganas, ni intentos, ni oportunidades para ello han faltado. Declaré mi interés en poder reseñar este texto a Ediciones Zero, como mero consumidor aficionado, quienes, a sabiendas de este amateurismo lector, me enviaron un ejemplar.

La otra orilla es un ensayo sumamente personal que recorre las concepciones del terror japonés, el J-horror. Es un texto que no esconde, sino que exhibe y explicita, la pasión y regusto de la autora en tomar la palabra para hablar de aquello que la ha marcado. Para ello, Vega recurre a unas cuantas producciones destacadas del mundo del manga, el anime y el cine nipón, a unos cuantos ejemplos fallidos y a algunas adaptaciones occidentales, «obras que se valen de la impresión en papel y la cinematografía para estimular al espectador» (p.15). De esa forma, construye una suerte de canon de entrada al terror japonés, una red de referencias, núcleos temáticos y modos de interpretación que ayudan a comprender un conjunto de obras que cada vez han permeado más en Occidente. 

En ocho capítulos bien diferenciados formalmente, pero que indudablemente se encadenan con referentes que se repiten y admiten varias lecturas y reflexiones, Vega explora una idea central: «el género del terror, sobre todo el japonés toma esos miedos cotidianos, los transforma y nos los presenta de una manera digerible» (p. 130). Asegura a lo largo del libro, que el terror, aunque fácilmente convertible en una serie de recursos y fórmulas preestablecidas y descafeinada, puede codificar miedos y formas de comprender el mundo de una cultura. Conocer el terror nipón, en definitiva, ayudaría a conocer un poco más las lógicas y los horrores que guarda la historia y la sociedad del propio país, pero también, indudablemente, como público occidental estamos llamados a leer en ella nuestros propios miedos. El miedo se vuelve una zona de contacto cultural: una exploración de aquellos puntos que nos son comunes y de otros que nos diferencian. 

Aparecen en este ensayo, mediante comentarios de mayor o menor extensión, obras seleccionadas y cerebros del j-horror, como, por ejemplo, las películas Onibaba –de 1965, dirigida y escrita por Kaneto Shindo–, Guinea pig 2 –de 1985, dirigida por Hideshi Shino–, Ringu –de 1998, dirigida por Hideo Nakata–, Audition –de 1999, dirigida por Takashi Miike; mangas de Junji Ito –Tomie (1987-2000) o Uzumaki (1998-1999)–, de Kazuo Umezo –The Drifting Classroom (1962-1964), Left Hand of God, Right Hand of the Devil (1986-1988); y animés como Higurashi No Naku Koro Ni –basado en la novela visual de Ryukichi07, del 2002–. Entre estas y otras producciones, la autora logra hilar reflexiones en torno a los orígenes del terror japonés y la larga tradición que lo antecede hasta llegar a los fantasmas modernos que salen de televisores, computadores o que simbolizan los miedos y vicios de la sociedad contemporánea. También le da un espacio importante a los avatares femeninos presentes en algunas ficciones, junto con lo terrible que puedan llegar a ser una doncella o una madre en el j-horror; el terror sicológico y las maneras en que las obras pueden jugar con la mente de los personajes y de los espectadores; la potencia para representar el horror que posee el manga, con su arte en blanco y negro; la ultraviolencia y el gore como recursos productivos y de los que también se ha abusado hasta el hartazgo; finalmente, el j-horror como fuente e influencia para producciones occidentales y cómo directores japoneses han producido obras al alero de Hollywood con sus propias perspectivas, amalgamando ambos mundos. 

Todo lo anterior, obras y temas entrelazados, constituye lo que Javiera Vega llama “la otra orilla”, recurriendo a una cita de La divina comedia y tomando ella misma la posición de Virgilio. La autora, desde su interés y pasión, muestra ese mundo tan distante y tan próximo a la vez, gracias a los avances de la tecnología. Es un mundo en el que el miedo se explora desde lo más familiar y cotidiano, deformándolo física o moralmente, paso a paso hasta alcanzar, no pocas veces, el límite de la cordura y de la racionalidad. Esa orilla es el hogar de fantasmas vengativos como Sadako, de Ringu, de monstruos gigantes que representan el horror nuclear, como Godzilla, de cuerpos desfigurados de maneras variadas misteriosamente, como los de Uzumaki, o por voluntad propia, como la bella modelo de Helter Skelter. Estas y otras anormalidades siniestras de la otra orilla se parecen mucho, quizá demasiado, a lo humano y sus pasiones, entrando así en el uncanny valley (“valle inquietante” o “lo ominoso”, a falta de una mejor traducción) que nos pone incómodos.

Este texto no omite un fenómeno relativamente nuevo. En la medida en que las tecnologías de la comunicación se desarrollaron, Japón y Occidente fueron estableciendo cada vez más relaciones. Occidente encontró aires frescos para su propio terror a principios del 2000, pero Japón antes ya había buscado soluciones que fusionaran la tradición de los espíritus con la tecnología que a la larga unificaría. Esto no tan solo genera un intercambio simbólico de temas y tópicos, sino también que, por sí sola, la industria audiovisual y gráfica japonesa sea una capital poderosa en el mercado de valores del horror. Gracias a la televisión por cable, primero, que nos conectó vía EE.UU. con Japón, y luego por obra y gracia del internet, cada vez más las producciones japonesas se encuentran a disposición para el consumo. Javiera Vega no le hace el quite a este fenómeno. Al contrario, lo hace una parte de fundamental de su propia experiencia de vida, que partió en ese mano a mano y boca en boca del VHS y el DVD para conocer algo del cine mainstream para luego convertirse en una suerte de link a link que permite explorar nuevos referentes.Si bien mejoraría el libro mejoraría bastante con un mejor trabajo de diagramación, de la mano de una presencia y relevancia mayor de las imágenes que acompañan al texto, La otra orilla es un texto que, en su contenido, cumple lo que promete. Es un texto que no tiene afán enciclopédico ni académico y, por lo mismo, encuentra en el gusto por un tema su principal fuerte. Es, a la vez que una introducción al terror japonés en cine, anime y manga, un testimonio de autoformación pop sobre un tema que, salvo contadas, aunque cada vez más numerosas, excepciones, parece tener más adeptos y producciones circulando que medios y textos dedicados a una reflexión sesuda. No dudo que quizá este texto no sea del completo agrado de cerebritos que se solazan en elevar todos sus gustos y aficiones a alta cultura. Lectores interesados en la cultura japonesa o formados por la pura exposición a las obras, sin mediación, yo mismo me incluyo ahí, tendremos en La otra orilla un entretenido texto de divulgación del j-horror y del gusto por compartirlo, y saldremos, más que nada, con una listita de títulos subrayados por ver y una idea de por dónde empezar o continuar.

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